Esta españa nuestra/ Raúl Heras
El presidencialismo llega al PSOE
lunes 20 de octubre de 2014, 14:42h

El silencioso control del poder interno en el socialismo que lleva practicando el núcleo duro de la antigua y nueva Ejecutiva del PSOE ha logrado que del 36 Congreso salgan todas las resoluciones aprobadas por mayorías que superan el 95% de los votos de los delegados. A más de un asistente le daban cierta vergüenza esos números, ya que representaban unanimidades que no se habían dado en toda la reciente historia del socialismo hispano, ni con Felipe González, ni con Joaquín Almunia. El leonés Zapatero sigue marcando goles e inscribiendo records en la vida política de la democracia.
El PSOE ya es presidencialista. Así de rotundo es el dictamen que sale de los números que se han manejado y de la lectura de las resoluciones que se han aprobado. Presidencialista y con un control desde el aparato que va a ejercer José Blanco muy superior al que mantuvo durante diez años Alfonso Guerra. A punto estuvo el político gallego en salirse con el flamante título de vicesecretario general bajo el brazo. La conocida prudencia de avanzar a pasitos japoneses por parte del actual presidente del Gobierno hizo que no se buscara comparaciones con la memoria histórica. Blanco añade la palabra coordinación a la de organización, y Manuel Chaves, el más tranquilo de todos, coloca a uno de los suyos, Alfonso Perales, como número tres del partido.
Casi todos ganan algo, y algunos pierden de manera clara, por más que se enmascare esa posición. Ganan los compañeros de travesía de Zapatero, desde Jesús Caldera a Juan Fernando López Aguilar; ganan los que le apoyaron de forma decidida en el anterior Congreso, con Maragall y Montilla, por un lado, y Patxi López, por otro. Y pierden de manera directa, como descubrían los cerca de mil delegados, el ministro Bono, que sigue descendiendo escalones en el edificio de la política interna, y el secretario regional madrileño, Rafael Simancas, que tan sólo ha logrado que su antiguo “secretario”, Andres Rojo, aparezca entre los secretarios ejecutivos.
Reconozcamos que el titular de Defensa ha conseguido que una de sus antiguas consejeras en Castilla-La Mancha, Matilde Valentín, se coloque en la Secretaría de Bienestar Social; y que el responsable de la FSM ha logrado cerrar el paso, por el momento, al que consideraba su máximo adversario de futuro, el alcalde más votado de España, Tomás Gómez, un recambio que desde la sede central de Ferraz están sopesando para dentro de tres años.
El triángulo formado por Madrid-Sevilla-Barcelona es la clave de la nueva estructura de poder. Zapatero ya no tiene sombras a sus espaldas y le queda ir conquistando pasito a pasito las federaciones y agrupaciones, con tantos cambios generacionales como pueda conseguir Pepe Blanco, y con tantos cambios de “familia” y liderazgo como pueda articularse desde el gran poder del Estado. Felipe González lo intentó en su momento seducido por la mayor maniobrabilidad política que tenían los partidos demócrata y republicano estadounidense. No lo consiguió por las enormes resistencias de la cultura socialista y europea. Su actual sucesor está en esa senda, y con visos de conseguirlo si consigue mantenerse en La Moncloa un par de legislaturas, por lo menos. En ese tiempo muchos de los actuales barones del PSOE habrán pasado a la reserva activa, y, con las nuevas generaciones, la transformación de la organización política y social está asegurada. Y en ese caminar –quiero dejarlo señalado para ampliar esa “coincidencia histórica” en próximos comentarios- Zapatero va a contar con unos cómplices (en plural) institucionales de primera categoría: los Príncipes de Asturias.
José Luís Rodríguez Zapatero ya no es el secretario general elegido por apenas nueve votos de diferencia en unas condiciones traumáticas. Todo lo que existía antes del 14 de marzo ya es historia. Es doble líder, en el PSOE y en el Gobierno, con un amplio y muy mayoritario respaldo. Está en los inicios de su segunda carrera de obstáculos, y ya tiene a Blanco con el serrucho bajando poco a poco las vallas. Es más duro de lo que aparenta, con más fondo de lo que sus adversarios y enemigos desearían, y con mucha, mucha suerte. Todo a la primera y siempre cuando más difícil estaban los objetivos y menos apuestas a su favor tenía en los grandes mentideros madrileños.
Puede que esta legislatura no llegue a 2008 como le corresponde, que decida unir un año antes los tres comicios que van a marcar el primer cuarto de este siglo, ante las profundos cambios estructurales que el estado de las autonomías está reclamando, y antes de que la economía pueda enfriarse con las consiguientes repercusiones en las urnas. Puede que tenga que remodelar el Gabinete ante la imposibilidad material de cumplir algunas de las promesas electorales. Lo que es seguro es que, desde la pequeña y maltrecha base de León de hace cuatro años, ha conseguido más y más rápido que aquellos que competían con él. Su astucia, que la tiene; su frialdad, que la tiene; y sus cálculos, que los hace, le hicieron comprender que tenía que parecerse a Felipe González y lograr su confianza. Entre Trinidad Jiménez y José Enrique Serrano lograron la metamorfosis, el estilo. El malagueño José Andrés Torres Mora puso muchas de las palabras. Y Sonsoles y Doña Leticia Ortiz van a aportar las complicidades. Lo de “chercher la femme” va a estar muy de moda.
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