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Pasaba por allí/Olga Heras

FSM: Peso pluma en el ring del PSOE

Zapatero ha colocado a la Federación Socialista Madrileña en el furgón de cola. En el nuevo PSOE ya no hay familias ni cuotas territoriales (Blanco dixit), pero la recién constituida Ejecutiva Federal, emanada del congreso celebrado el pasado fin de semana, arroja más que dudas razonables sobre tales aseveraciones, dada la más que notable representación del poder autonómico en la flamante dirección, muy limitado, eso sí, en el caso del socialismo madrileño.
La FSM ha vuelto a demostrar que no pasa de ser un peso pluma cuando se trata de medir sus fuerzas con el resto del partido.

Si como corriente en el partido Izquierda Socialista (IS) ha logrado “colocar” a tres de sus representantes en la nueva dirección: Josefa Pellicer, como miembro del CEF y otros dos, Juan Antonio Barrio de Penagos y Andrés Perelló, en el Comité Federal, las federaciones autonómicas han sido, sobre todo Andalucía, las grandes agraciadas en lo que a cargos se refiere, con la traumática excepción de la problemática FSM, sin duda la gran derrotada del cónclave de exaltación de Zapatero.

Cierto que Trinidad Jiménez o Diego López Garrido, ambos incluidos en el CEF, “cotizan” en territorio madrileño, al igual que Barrio de Penagos, Francisco Fernández Marugán o Enrique Martínez, todos ellos alojados en ese amplio cajón de sastre que es el Comité Federal. Sin embargo, no es menos cierto que ninguno de ellos se ha abierto hueco en la estrenada dirección gracias a su adscripción a la FSM, ni siquiera José Acosta.

La influyente Jiménez, por su parte, ha conseguido ascender al Olimpo de las secretarías generales a quien en el último año ha sido su sombra, Pedro González Zerolo, el ex presidente de la Federación de Gays y Lesbianas.

Las expectativas, sin embargo, que el poder local albergaba en este congreso para ampliar su ámbito de influencia hacia las altas esferas del partido, véanse los casos de Tomás Gómez, Enrique Cascallana o el ahora diputado José Quintana, se han visto finalmente cercenadas, por obra y gracia, al parecer, del propio secretario general de la Federación madrileña, Rafael Simancas.

La FSM es, por tanto, un hervidero político, en el que hasta ahora Rafael Simancas ha impuesto sus designios, doblando la mano a los más significados líderes regionales. Si la rebelión de los “barones” madrileños surte o no efecto (eso se verá en las concesiones que haga el actual secretario general de esta Federación) se sabrá en menos de una semana.
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