Hipotecas, intereses y vida familiar

Hipotecas, intereses y vida familiar

Sergio Martinez (*)

Hace ya varios años, al principio de crisis económica que comenzó a azotar nuestro país leí un libro muy interesante, El Estallido de la Burbuja, del estupendo economista Robert J. Shiller. El libro describe de forma muy sencilla como la crisis de las hipotecas subprime colapsó la economía de Estados Unidos y hundió el sistema financiero. En su escrito de no más de 140 páginas propone soluciones en su momento a las que casi ningún gobierno ha hecho caso alguno.
Una de sus principales preocupaciones es la incultura de personas de todo tipo y condición para entender nuestro sistema económico.

Solicitaba a los gobiernos la creación de un nuevo sistema de unidades de mediación económica similar a la creación del sistema métrico decimal intentando impedir los errores de todos nosotros en el pensamiento económico. Pretende que cualquier persona o familia que demande en el mercado la compra de una casa tenga claros los valores económicos más comunes, especialmente los beneficios, la renta y los salarios, además de la inflación. En su espíritu está ayudar al ciudadano, no sólo de a pié, sino por ejemplo, a un abogado o a un empresario a tomar decisiones económicas acertadas.

La gente se confunde porque los gobiernos no redactan el código impositivo en “cestas” en lugar de en euros o dólares con el fin de indexar completamente el sistema de impuestos y obligar a las personas a aprender las nuevas unidades.

Respecto a los tipos de interés de los préstamos, específicamente de las hipotecas, considera una barbaridad la alegría de las familias adquiriendo responsabilidades a largo plazo con tipos de interés variables. Tanto Robert J. Shiller como muchos empresarios y yo mismo, consideramos un grave error por la seguridad del sistema financiero y muy especialmente, las de las familias, firmar alegremente obligaciones de pago a 30 ó 40 años, o sea, durante toda la vida laboral de una persona, con unos tipos que seguro suben mucho durante 3 ó más veces a lo largo del plazo total para pagar, asunto que a la mayoría de las personas desloza la cabeza y desloma el cuerpo con el fin de cumplir sus obligaciones.

Respecto a las casas, oficinas, locales y naves industriales, nos han hecho creer a todos que de media el valor de los inmuebles, especialmente la vivienda, se duplica cada diez años. Ya nos hemos dado cuenta, hasta mi hija pequeña de tres años, que mientras pagamos más o menos la misma hipoteca que hace tres años, vamos menos al Parque de Atracciones porque no hemos podido vender nuestra casa y para cumplir con la entidad financiera hay que fastidiar a toda la familia ya que es, de momento, imposible recuperar el precio pagado por ella en su momento.

Nuestro sistema económico sería mucho más seguro si se prohibieran definitivamente los créditos con tipo de interés variable y se obligara a cada comprador a pagar al contado como mínimo el 30% del precio total de la vivienda. Si no se puede siempre se podrá alquilar con opción a compra hasta que llegue el momento de firmar la hipoteca en unas condiciones donde en caso de despido del adquiriente, la familia se puede defender mejor y en caso de quiebra familiar, la entidad financiera no se “coma” el inmueble en el peor momento de crisis, o sea, se pueda revender sin problemas en un mercado más estable.

Nuestro gobierno debería estudiar en profundidad, especialmente educar a la población en lo más básico de la economía y fomentar la concesión de hipotecas en condiciones de ser pagadas a lo largo de la vida de la persona que las adquiere sin ruinas sobrevenidas por cambios ajenos a nuestra voluntad y sobre los que no podemos decidir
Las personas sufren y los negocios están cerrando y nuestro país se parece cada día más a lo que ocurrió en Estados Unidos con la Gran Depresión. Cada mes que pasa el tejido social se encuentra más dañado. Es el momento de cambiar aprendiendo de la crisis actual. Cada día hay más voces de economistas europeos que se plantean si para salvar el euro debemos destrozar una o dos generaciones. Nos estamos jugando la estabilidad social y mucho más.

En Grecia los suicidios se han elevado muchísimo desde el inicio de la crisis pero nadie habla de lo que está ocurriendo en España. Es el momento de soluciones inteligentes y mientras tanto debemos estudiar con detenimiento si la compra de una casa para nuestra familia es tan imprescindible como nos decían nuestros padres. Por mi parte, le haré mucho caso a Robert J. Shiller que para mí es un genio, antes de embarcarme en una decisión tan importante como la compra de una vivienda, me lo pensaré 100 veces como mínimo.

(*) PRESIDENTE DE INMOFIBAN
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