
AVE versus Iberia
Los damnificados por los vuelos Madrid-Barcelona han encontrado su tabla de salvación con la puesta en marcha del AVE que une las dos ciudades. Lo que voy a relatar a continuación es real como la vida misma. Mi hija se puso prematuramente de parto en Barcelona. Era ya madrugada. pero pude conectar con el servicio de información de Renfe. En pocos minutos conseguí un billete, en clase preferente, para mi mujer, en el primer AVE que salía de Madrid, a las seis de la mañana.
Gracias a la "tarjeta dorada" (uno de los pocos privilegios de la edad) el coste del billete apenas sobrepasó los 120 euros. Mi mujer llegó a Barcelona a las nueve menos veinte, y a la clínica Dexeus cuando el quinto de mis nietos hacía su entrada en este mundo.
Yo tenía tareas inaplazables en Madrid. En cuanto pude, decidí volar en el Puente Aéreo para ganar tiempo. Craso error. Llegar desde la ciudad hasta la T-4 de Barajas es una pequeña odisea, además de pagar un peaje que no llena precisamente de entusiasmo a los usuarios. Desplazarse hasta el mostrador es realizar un largo recorrido a pie. Todo sea por la rapidez, pensé. Llegué al mostrador a las tres y veinte, con la mala suerte de que acababa de llenarse un avión. Me dieron la tarjeta de embarque para una hora después. Para colmo, había que someterse al paso por el control de seguridad, y hacer un striptease obligatorio que nos deja en ridículo. Logré pasar el arco magnético sin incidentes, pero mi bolso de mano no. Mi bolso de mano llevaba un arma peligrosa: un tubo de espuma de afeitar que, según me explicó el Guardia Civil, sólo se autoriza como equipaje de mano si pesa menos de 100 gramos. El mío pesaba más. A todo esto el billete, en clase turista, me costó 232 euros, más de cien euros de diferencia sobre lo que había costado el de mi mujer, en clase preferente, en el AVE.
Parece que la mejor promoción del AVE la hace Iberia. Si se calcula el tiempo de desplazamiento, y el de embarque, los minutos perdidos deambulando por los pasillos, etc., la diferencia en un viaje entre Madrid y Barcelona es mínima, por no decir nula.