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... Y en el PSM ¿habrá alternativas?

Será dentro de unos meses una de la preguntas que todos se hagan, ahora ya se sabe que sólo existen los ires y vernires del Partido Popular, pero en la trastienda del socialismo madrileño ha comenzado ya a cocinarse las alianzas o las conjuras de cara a un Congreso que debe, en principio, aclamar la reelección de Tomás Gómez como secretario general del PSM.

Aparentemente lo del alcalde de Parla en el próximo cónclave de primeros de septiembre debería ser un paseo militar, desarmado como está el ejercito más belicoso de esta federación; el liderado por José Acosta, un histórico en retirada al que su antiguo pupilo, Tomás Gómez, ha recompensado con un puesto en Telemadrid, y reconvenido como está Rafael Simancas al silencio por parte del Federal.

Pero una cosa son las apariencias y otra bien distinta es que en las catacumbas del PSM no se intente orquestar una alternativa al actual líder del socialismo madrileño, aunque sólo sea para presionar a Gómez a una futura negociación y repartición de cargos.

Ese ha sido, y es, el juego que mejor juegan los dirigentes del PSM desde los tiempos pretéritos del triunvirato Leguina-Acosta-Barranco, y los herederos de tan rancia escuela, amoldados a los tiempos claro está, no les andan a la zaga. Cierto que Rafael Simancas ha suspendido el ruido de sables que se escuchaba apenas traspasado el rubicón de las elecciones generales. El ex jefe de filas del PSM y sus fieles no pronuncian palabra más alta que otra desde hace tiempo para criticar el fiasco electoral de Gómez en Madrid. Otra cosa es que el ejercito simanquista se resigne al anunciado ostracismo que les vaticinan tras el Congreso regional y a su desaparición de espacios tan significados de poder como Caja Madrid.

Los hombres de Simancas, se asegura en el PSM, van a dar la batalla, pero están condicionados por algunas e importantes variables. La primera es la de no molestar en exceso al Federal, que no quiere grandes y vocingleros contenciosos en Madrid, no porque apoye incondicionalmente a Gómez, sino por poder vender una imagen de unidad y rentabilizar el desgaste interno que está sufriendo el PP.

La segunda tiene la vertiente personal de a quién colocar frente a Gómez en la pelea por el liderazgo. Los principales nombres del simanquismo (familia que por cierto sigue gozando de cierto predicamento en importantes municipios): Ruth Porta, Antonio Romero, Francisco Pérez (actual secretario de Organización del PSM) o Modesto Nolla, no parece que puedan salir a campo abierto y mantenerse indemnes, o así al menos se sopesa desde el lado más afín a Gómez, que casi descarta que sea alguno de ellos el que de un paso al frente.

El rumor que ha comenzado a circular sobre la posible identidad de quien se erija en alternativa a Gómez suena en principio descabellado, al ser un personaje anónimo en el establishment regional, aunque no así en el ámbito deportivo y en el municipalismo del Sur de Madrid, un área metropolitana en el que curiosamente confluyen el grueso del aparatichi del secretario general del PSM y no pocos seguidores de su antecesor en el cargo, que cuenta entre sus filas con alcaldes como el de Leganés, Rafael Gómez Montoya, y especialmente con el de Villalba, Pablo González.

En los mentideros socialistas, sobre todo en los de Getafe, se apunta al ex edil de Urbanismo de esta localidad, Santos Vázquez, como la baza que el simanquismo puede jugar para frenar su defenestración. El ex edil mantiene desde hace tiempo una estrecha relación con personas afines al ex líder del PSM, como pueden ser los diputados Francisco Contreras, Nolla o la mismísima Porta. Vínculos que se habrían estrechado en estos últimos meses, en los que ya se pergeñaba su salida del gobierno local de Getafe.

El peso político de Vázquez habría ganado enteros para este sector con su designación como subdirector general de la Agencia Antidopaje, pasando a estar bajo la batuta del Secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, hombre con no poca influencia en Madrid, de hecho detento la secretaria regional, derivada de su estrecha amistad con todo un peso pesado como es Alfredo Pérez Rubalcaba.

Aunque los planes que se atribuyen a Simancas resultan al día de hoy poco verosímiles, más bien parecen disparos de fogueo para desarticular anticipadamente cualquier estrategia de oposición, el tiempo ha demostrado que toda componenda y pirueta política es posible en el PSOE madrileño, en el que Ferraz unas veces mete la cuchara y otras cierra los ojos ante las voladuras internas.
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