
Funambulismos en la cuerda
Cómo son las cosas. Hace un par de años las inmobiliarias eran el reflejo del dinamismo y el crecimiento. Un puñado de empresas españolas parecía que se iban a comer el mundo con patatas. La posibilidad de que firmas tan grandes se derritiesen como cubitos de hielo al sol era risible. Y ahora vemos que Colonial, con 13.000 millones de euros en activos suspira por un apuesto comprador que le saque de los apuros financieros.
Si esta situación atenaza a una de las empresas más grandes del continente, qué no sufrirán las pequeñas. Y las no tan pequeñas. Da vértigo ver que la ínfima distancia que separa el éxito de la ruina. Que se lo digan a Hilario Rodríguez, el dueño de Tremón, que corre el riesgo de convertirse en el próximo defenestrado del sector.
Este papel, el de víctima de la insolvencia precipitado al vacío de la ruina, se rifa con ahínco cada semana. Y esta parece haberle tocado a Rodríguez caminar por la cuerda floja, sorteando el riesgo del concurso de acreedores.
Desde que acabó el año algunos más han tenido que hacer de funámbulos, en la misma situación. Por suerte para todos (para unos más que para otros, en especial los que tienen que jugarse el futuro el 9 de marzo), nadie entre los primeros espadas ha tenido que comprobar si hay red de seguridad bajo la cuerda floja.
¿Pasará lo mismo con Tremón? Para ser sinceros, la inmobiliaria de Hilario Rodríguez no es Habitat ni Colonial. La gestión no está tan profesionalizada y la situación contable no es tan sólida. Y mire que Rodríguez ha intentado engordar la cartera de activos (primero para salir a Bolsa y luego para no salir del mercado), pero hasta ahora todos los intentos han sido en balde. Para colmo de males, la operación Malaya le ha perjudicado, ya que uno de los imputados no le pudo vender activos que tenían cargas pendientes. ¿Cómo sorteará Tremón las deudas que se acumulan? Muchos han comprado billetes para ver el espectáculo en primera fila.