
Nada es imposible
No sé si se habrán enterado de que la selección española de fútbol ha ganado la Eurocopa. Yo vi las imágenes del recibimiento que se les hizo en Madrid, a su vuelta a España. Iban todos ellos montados en un autobús negro de dos pisos. En el exterior se veía un lema en inglés (efectos de la globalización publicitaria) que decía "Nada es imposible". ¡Cuánta razón tienes, mecánico semoviente!, pensé yo para mi coleto, volviendo sobre el tema que me obsesiona últimamente: la crisis.
Me acuerdo que hace pocos meses, el presidente del G-14, Fernando Martín, clamaba con firmeza: los precios no van a bajar. Con el rumbo que han tomado los acontecimientos, el mismo personaje volvía a salir a los medios el otro día diciendo: los precios no van a bajar más, reconociendo que su propia inmobiliaria había tenido que efectuar ciertas rebajas para completar la venta de promociones.
No es que me plumífera cabeza se escandalice por haber sido embaucada por las recias palabras de hace unos meses. Todo el mundo daba por descontado que el representante de las grandes inmobiliarias no iba a tirar piedras sobre su propio tejado. Lo de no declarar en contra de sí mismo es incluso un derecho reconocido en la normativa española. Ahí está por ejemplo el Gobierno, que lo utiliza a placer para no reconocer que la economía va cuesta abajo. "Es opinable si hay crisis o no", decía el otro día nuestro presidente. Veré si a mí me sirve este razonamiento para negociar en la gasolinera o a la hora de pagar la letra del piso.
El caso es que lo que no quieren los promotores que baje, baja (los pisos) y lo que los consumidores no quieren que suba (el combustible y la comida), sube. Yo estoy por retirarme del mundanal ruido. Había pensado comprarme una parcelita y cultivar espárragos para freír, pero me ha dicho mi agente que mientras los solares para urbanizar bajan, los terrenos rústicos están subiendo. ¿Será que hay muchos más que han tenido mi idea?