Redaccion | Lunes 20 de octubre de 2014
El de hoy no tiene rostro. Para ser exactos, no lo enseña. Y como explicó el pasado lunes, con voz trémula y en un castellano primitivo, no lo hace porque tiene miedo. Y-26 es uno de los testigos "protegidos" del 11-M. Era cuñado del sirio Mohamed Almallah Dabas, uno de los 29 terroristas islámicos que aparecen cada día, sonrientes y satisfechos, dentro de la gigantesca urna de cristal blindado montada para albergar a los responsables de la masacre de los trenes. Y-26 cuenta que en la casa de su ex cuñado, antes del crimen de Madrid, solían reunirse un grupo de amigos. Todos musulmanes, todos residentes en España, todos varones y todos instalados cómodamente entre nosotros.
Allí, entre tazas de te y platos de cordero, veían películas sobre campos de entrenamiento que Al Qaeda tenía en Afganistán, miraban vídeos de degollamientos, hablaban de la yihad y fantaseaban sobre la muerte. La de los cristianos españoles. Formaban una siniestra banda que se hacía llamar "Hermanos de los mártires". Quien marcaba el tono era Serhane "El Tunecino' y entre sus obsesiones estaba echar abajo las Torrres Kío, para reproducir en Madrid un espectáculo equivalente al perpetrado en Nueva York el 11-S.
Para entender las razones por las que "canta" Y-26, quizá haya que recordar que su hermana terminó tarifando con Mohamed, porque la molía a palos, y que él denunció al sirio por robo, lo que ha generado una explicable enemistad y bastante resentimiento entre ambos. Dicho lo anterior y pensando en la necesidad de impedir la repetición de tragedias como el 11-M, quizá haya llegado el momento de plantear preguntas. Hemos escuchado muchas veces que la gran mayoría de musulmanes en Occidente son ciudadanos decentes, respetuosos con la ley, que no se involucran con la yihad y que no tienen relación con Al Qaeda.
Se trata de una afirmación tan obvia, que no merece la pena discutirla. Basta echar un vistazo a la estadística, para concluir que: la mayor parte de los musulmanes en Occidente no se están involucrando en actividades terroristas. Muchos, sin duda. no tienen intención de hacerlo. Por lo que cuenta Y-26, salta a la vista que la planificación del 11-M fue cosa de unos pocos.
La duda y no es fácil ponerla sobre la mesa en un país como España, donde el presidente del Gobierno es un rendido partidario de la Alianza de Civilizaciones, es cuántos desaprueban realmente tal planificación y cuántos permiten pasivamente que continúe frente a sus narices, bien por temor, o debido a que la afinidad intelectual entre ellos y los planificadores es más próxima de lo que a Zapatero y a la mayor parte de las autoridades occidentales les gusta creer.
No hay que ser un lince para concluir que hubo muchos, compañeros de mezquita, colegas en el trabajo, parientes y amigos, que tuvieron que percibir que Serhane y sus secuaces tramaban algo horrible. Y-26 lo deja claro. ¿Por qué no acudió nadie a denunciarlo?