La contraportada
Ciudad de México/Mónica Figueres
Redaccion | Lunes 20 de octubre de 2014
La casa del mexicano Luis Barragán ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad, un reconocimiento no sólo de la importancia histórico-artística del inmueble, sino también de un estilo no siempre valorado.
La arquitectura limpia, de líneas rectas y llamativos colores de las casas diseñadas por el mexicano Luis Barragán, premiado con el Pritzker en 1980, sube un nuevo peldaño en el reconocimiento internacional. La Unesco ha declarado Patrimonio de la Humanidad su propia residencia, el lugar donde dibujaba sus proyectos, convirtiéndose en el primer inmueble del siglo XX de toda Latinoamérica que recibe este reconocimiento. Ahora, esta casa con ornamentación muy limitada y con la sencillez propia de Barragán, figura en la gran lista patrimonial junto al Taj Majal, la Gran Muralla China, la catedral de Notre Dame y la acrópolis de Atenas.
La casa fue construida a finales de los años 40 en la colonia de Tacubaya de la Ciudad de México. Los grandes espacios abiertos han facilitado su adaptación como museo y, según los que entran a visitarla, estas salas abiertas “invitan a la reflexión y al ocio”. Barragán vivió entre esos muros durante más de cuatro décadas y nunca dió por concluida su obra. Construyó esa casa cuando decidió trasladarse desde su Guadalajara natal a la capital del país para seguir desarrollando su trabajo, allí fue donde recibió el Pritzker y también donde murió, en 1988. Como en todas sus creaciones, utilizó las ‘armas’ de las corrientes arquitectónicas que surgieron en las primeras décadas del siglo pasado: el modernismo y el funcionalismo. Pero, según iban pasando los años, Barragán empezó a crecer en su profesión y a viajar y todas esas nuevas aportaciones de culturas exóticas y estilos nuevos iban dejando su huella en su propia casa. Bajo la influencia de la arquitectura árabe, mediterránea y mexicana, se enamoró de los patios, de la luz, de los colores vivos y del agua.
Han sido muchos los esfuerzos que se han tenido que realizar para llegar a conseguir que la Unesco declarara la casa de Barragán Patrimonio de la Humanidad. En 2001, tuvo lugar el primer contacto con la oficina encargada de analizar las propuestas, pero no fue hasta el año siguiente cuando se empezaron a gestionar los recursos privados para poder elaborar un expediente definitivo. En noviembre de 2002, se decide que la casa-museo vaya a China como punto fuerte de México, superando a la Ciudad Universitaria y la Casa Azul de Frida Khalo y, un mes más tarde, dos especialistas del Icomos visitan el inmueble para evaluarlo. En aquel momento, algunos medios de comunicación aseguraron que el edificio no recibiría la declaración a causa de una construcción de seis pisos que hay junto a la casa y que ‘estropeaba’ el entorno. Pero ni siquiera esa mancha ha podido ensuciar el expediente de la casa, que el pasado 2 de julio entró a formar parte de la valorada lista.
Y es que el valor de este edificio no se reduce a su arquitectura. En su interior se conservan varios de los legados del único mexicano que ha ganado el premio Pritzker, como su biblioteca personal y algunas obras de su amigo Mathias Goeritz. Por eso, además de la importancia histórico-artística que lleva consigo el hecho de ser Patrimonio de la Humanidad, esta declaración internacional servirá para que las autoridades tomen medidas concretas en la conservación y la difusión de la obra de Barragán, no sólo en Ciudad de México, sino en Guadalajara, donde el arquitecto desarrolló gran parte de su trabajo.