Redaccion | Lunes 20 de octubre de 2014
A la gente le ha dado por hacer a los banqueros el blanco de sus iras. Les acusan de gremialismo, por no permitir que las ayudas financieras de los gobiernos lleguen a la economía real, este término tan rimbombante que hemos adoptado todos para referirnos a nuestras maltrechos bolsillos. Pedir a los bancos que sean generosos en una situación de zozobra mundial es como pedir peras al olmo. No olvidemos el refrán que dice que honra merece quien a los suyos se parece.
En España tenemos émulos de las estrellas financieras más grandes de la escena internacional, aquellas que salieron por la puerta de atrás embolsándose altas sumas pese a dejar la compañía a un paso de la tumba. Si Stan O'Neal se fue de Merryll Linch con una indemnización superior a los cien millones de euros, Carlos Vela ha pedido tres millones de euros por una semana de trabajo en el proyecto de Cibeles, el holding industrial de Caja Madrid. Por su parte, Mariano Miguel, presidente de Colonial y antiguo director general de Cajamar, ha reclamado a los tribunales su derecho a cobrar 4,6 millones de finiquito, tras siete meses al frente de promotora.
De nada ha servido que la promotora señale la difícil situación contable en la que quedó la empresa. Miguel tampoco a sido sensible a la mención de razones éticas y sociales. El caso ya está ante el juez y poco parecen importarle al directivo los chascarrillos por su afán por cobrar. Hay que recordar que en su etapa de presidente de Colonial Miguel se subió el sueldo y el blindaje de su contrato, con un cambio de accionistas en ciernes.