Redaccion | Lunes 20 de octubre de 2014
Los alcaldes madrileños están hechos un lío con la guerra fraticidaa desatada en el interior del PP. Los consejeros no, los miembros del equipo de gobierno de Aguirre han hecho piña con su presidenta, aunque alguno o alguna hubieran preferido más comedimiento a la hora de criticar a Rajoy.
En la famosa reunión de ediles municipales con el presidente del PP en Génova, donde le abuchearon a Alberto Ruiz-Gallardón a la entrada, los alcaldes madrileños del partido trataron de guardar las formas y no mostrarse demasiado, muy lejos del comportamiento del presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, que se acercó a Rajoy para decirle: “Ya sabes que no siempre estamos de acuerdo, pero aquí tienes los vales de todos los compromisarios castellonenses”.
Y se los dió allí delante de todos como si se tratase del sobre que dan al padre del novio los convidados a una boda. Allí estaban varios alcaldes madrileños. el de Alcalá, Bartolomé González, presidente de la Federación de Municipios de Madrid, que acaba de pedir que no se demonice o se tache de “críticos” a los militantes que discrepan de la dirección del PP.
El de Móstoles, Esteban Parro, el más distante con Rajoy, aunque siempre elegante, partidario de organizar unas primarias; el de Villanueva de la Cañada, Luis Partida, el más veterano y experto en estas lídes; el de Alcobendas, Ignacio García de Vinuesa, que fue el único que se acercó a Rajoy para mostrarle su apoyo, ma non troppo. Y el de Pozuelo, Jesús Sepúlveda, que ya se mostró en su momento de partidario decidido de Rodrigo Rato, como “la única persona de consenso”, lo que no debió gustar a Rajoy, pero que tampoco fue aprovechado por el equipo de Aguirre para lanzar una candidatura alternativa, que quizás hubiera encontrado más eco. El resto de los alcaldes peperos ni siquiera se han molestado en entrar al trapo de la crisis del partido. Por si acaso.