FIRMAS

Gómez y los "barones" de las cajas

Redaccion | Lunes 20 de octubre de 2014
Tiene el irresistible aliciente de un sueldo millonario, amén de otras regalías, y un enorme poder político ejercido desde la sombra, de ahí que alcanzar un puesto en el Consejo de administración de Caja Madrid sea uno de los premios gordos a los que puede aspirar un político madrileño a quien le guste actuar desde las bambalinas o que haya sido retirado de la primera línea pero controle los entresijos del partido.

Tan suculento es el cargo que quienes lo alcanzan se agarran a él con uñas, dientes y favores, y ejemplos de ello hay en todos los partidos sin excepción. El exponente máximo de “amor” a la Caja en el PP es, sin duda, el ex alcalde de Majadahonda, Ricardo Romero de Tejada, al que nadie, ni siquiera los supuestos escándalos destapados por el socialista Rafael Simancas, han logrado arrebatarle el sillón en esta entidad financiera. Otro tanto cabría decir de la ex concejala capitalina Mercedes de la Merced o de Jesús Pedroche, que han encontrado una jubilación de oro entre los 21 miembros de la dirección de la Caja.

Ramón Espinar, ex alcalde de Leganés y ex consejero del gobierno de Joaquín Leguina, ha sido durante años el factótum del PSOE en esta entidad de ahorro, con todo lo que ello ha supuesto para la política madrileña. De hecho a él se le atribuye haber muñido en su día la alternativa de Simancas a secretario general del PSM, en estrecha colaboración con otro inamovible del citado Consejo, el siempre escurridizo ex secretario de Organización de los socialistas madrileños, Antonio Romero. Añádansele a este binomio los nombres de José María de la Riva (ex del Ayuntamiento de Madrid, aunque su elección no es política si no por los impositores) y José María Arteta (ex alcalde de Móstoles) y se tendrá una parte importante del poder político-económico que ha movido mucho de los entresijos del Partido Socialista de Madrid.

Incluso IU disfruta de uno de estos popes, actualmente nada más y nada menos que vicepresidente de la entidad, José Antonio Moral Santín, cuya veteranía en el Consejo le ha hecho acreedor del sobrenombre de “osito de la Caja”. Tanto es su poder político que en cualquiera de las muchas luchas cainitas que han acontecido en la coalición madrileña, sólo había que saber con quién se alineaba Moral Santín para saber quien resultaría vencedor. Precisamente ese poder de los “barones” de la Caja, ramificado en Fundaciones políticas y de carácter inmobiliario, es el que algunos atisban como la mano negra que azuza la oposición al actual secretario general del PSM, Tomás Gómez.

Poco falta para que a ojos vista de muchos dirigente del socialismo madrileño, los otrora “compañeros” de la entidad de ahorro sean ahora la encarnación maléfica del "lado oscuro" de la política y del partido.
“Todos los males que tenemos –a nivel interno- vienen de la Caja”, dicen los partidarios de Gómez, que estos días se arman (siempre los dossieres) para frenar a sus opositores. A Simancas prefieren que sea Ferraz, es decir José Blanco, quien acote sus veleidades, algo que, dicen, ya habría hecho el secretario Federal de Organización, quien la pasada semana tuvo que salir respaldando públicamente al secretario general del PSM para acallar los rumores que apuntaban a su más que próxima defenestración.

Un pequeño grupo de diputados regionales (otros o bien prefieren ver los toros desde la barrera o trabajar para que caiga su líder regional) y varios alcaldes, fundamentalmente los del Sur, están intentando “apuntalar” pública (su proyección mediática es nula, tanto que se le considera prácticamente desaparecido) e internamente a Gómez, con quien esta semana estaba previsto celebrar una comida para analizar la actual situación. No parece sin embargo que la salida al laberinto socialista que se ha dibujado esté por ahora nada clara, máxime si se tiene en cuenta la propia idiosincrasia del alcalde de Parla, cerrado siempre en banda a encarar las críticas, ante las que, más que huidizo, suele emplear la táctica del calamar.

Lo único claro por el momento, eso sí, es que hay que hacer "limpia" en la Caja, cuyos representantes políticos serán elegidos el próximo año.